Proyecto Anunciación

Estudio histórico-artístico y documental de la Iglesia de la Anunciación. Universidad de Sevilla.

Investigación documental

Rodrigo Fernández de Santaella fue el artífice de la Universidad de Sevilla. A comienzos del siglo XVI, tras su paso por Bolonia e Italia, se encargó de organizar los estudios universitarios en torno al colegio de Santa María. Fue exactamente en 1505 cuando el sacerdote obtuvo una bula del papa Julio II para erigir en la ciudad hispalense un colegio y una Universidad.

Aunque la institución continúa su labor desde entonces y ya suma más de 500 años de historia, convirtiéndose en uno de los centros docentes españoles más antiguos, a nivel de infraestructura lo único que se conserva de aquella primera sede universitaria es la antigua capilla de Santa María de Jesús, en la esquina de la Puerta de Jerez.

La Universidad siguió transformándose en los siglos siguientes. Con la llegada del carácter reformista de los Borbones en el siglo XVIII se produjeron importantes modificaciones en la enseñanza. Entre ellas, una de las más destacadas, la expulsión de los jesuitas en 1767, ya que supuso el traslado de la institución a la Antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús en 1771.

Durante los siglos siguientes se continuaron ampliando las disciplinas, conllevando a su vez la adquisición de nuevas sedes. Fue a mediados del siglo XX cuando surgió la idea de trasladar la primitiva sede de la antigua Universidad Literaria al edificio de la Fábrica de Tabacos en la calle San Fernando.

Rodrigo Fernández de Santaella

Patrimonio arquitectónico

El 2 de septiembre de 1565 se colocó la primera piedra de un templo que se convertiría, poco más de 200 años después, en sede de la Universidad de Sevilla. Se trata de la Iglesia de la Anunciación, que formó parte del conjunto original de la casa profesa de los jesuitas. Fue declarada Bien de Interés Cultural en la categoría de monumento en 1931, junto con la antigua Universidad Literaria, que ocupaba el espacio de la casa profesa. Este edificio tenía en su origen tres plantas en torno a un patio central, aunque actualmente sólo se conserva la Iglesia.

En su solar se construyó la nueva Facultad de Bellas Artes. Por su parte, el diseño del templo se debe al jesuita Bartolomé de Bustamante, aunque el proyecto definitivo corrió a cargo de Hernán Ruiz, maestro mayor de la catedral, lo que la hermana con otros dos ejemplos destacados de la arquitectura renacentista en Sevilla, como la iglesia del convento de Madre de Dios y la antigua iglesia del Hospital de la Sangre, actual sede del Parlamento de Andalucía.

La iglesia es de planta latina y se cubre con bóvedas vaídas en sus brazos, mientras que el crucero se remata con una cúpula semiesférica. La sobria apariencia exterior de su fábrica de ladrillo contrasta con la riqueza cromática del interior, especialmente en la zona del crucero, con profusión de dorados, rojos y negros. Especial interés tienen los magníficos retablos de la iglesia, elementos de extraordinario valor.

La portada principal es obra de Hernán Ruiz. Construida en piedra, se integra gracias a un orden arquitectónico gigante, constituido por dos columnas jónicas sobre el que se sostiene un entablamento. En el cuerpo central aparece un altorrelieve de la Virgen con el niño realizado por el escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo entre 1565 y 1576, mientras que en los laterales se sitúan dos esculturas del XVIII que representan a un arcángel y a San José. La cúpula de la Iglesia responde al modelo sevillano de alboaire, revestida de azulejos, con un ajedrezado de colores blanco y azul. La linterna, renovada tras el derrumbe provocado por el terremoto de Lisboa, se refuerza por grandes ménsulas que apean sobre plintos, con unas volutas fingidas, realizadas a base de losetas azules de cerámica.

Tallas y retablos

El grueso del patrimonio de retablos y esculturas de la Universidad de Sevilla procede de los jesuitas. Goza de importancia dentro del panorama artístico local y algunas de sus piezas podrían figurar en cualquier selección de obras de la escultura hispánica en los períodos Manierista y Barroco.

Cuando los jesuitas son expulsados de España por Carlos III en el siglo XVIII, la Universidad de Sevilla se traslada a la Casa Profesa de la orden, haciendo suyos algunos de los bienes artísticos de los religiosos. El patrimonio universitario aumentó con la desamortización de Mendizábal en 1835 con otras piezas escultóricas.

Con el traslado de la Universidad a la antigua Fábrica de Tabacos, realizado en el siglo XX, se volvió a incrementar el número de retablos y esculturas heredados de la pequeña capilla del siglo XVIII de este edificio. El Retablo Mayor es una de las principales obras de la retablística andaluza. La monumentalidad de sus proporciones recuerda la arquitectura del Retablo Mayor de El Escorial. Fue ejecutado por el jesuita Alonso Matías entre 1603 y 1606, utilizando grabados del Templo de Salomón. Es de madera de borne de Flandes, dorado por Gaspar Ragis, salvo el banco, de mármol, y las losas de jaspe negro. Destaca el sagrario, realizado con ricas maderas de ébano, nazareno o caoba. Entre las pinturas que decoran los distintos cuerpos encontramos la Adoración de los Magos, de Girolamo Lucente da Corregio, la Anunciación del Ático, de Antonio Mohedano, y la Circuncisión, de Juan de Roelas. Este autor realizó también los santos Juanes en los laterales del ático.

Las imágenes de candelero de San Ignacio de Loyola y de San Francisco de Borja son obras de Martínez Montañés. En el crucero izquierdo se ubica un retablo moderno de tres calles, con la Virgen del Valle, el Cristo de la Coronación y un Cristo con la cruz a cuestas. En el lado del Evangelio se dispone otro retablo del siglo XVI con ricas pinturas como la de la Virgen de Belén. En el crucero derecho se localiza un retablo dedicado a la Inmaculada, ejecutado por Juan Bautista Vázquez, el Mozo, en 1585. En el muro de la Epístola se dispone un retablo procedente del convento de Santa María del Socorro, dedicado a San Juan Bautista, con un soberbio relieve del Bautismo de Cristo.

Sobre pedestales se conservan en la nave de la Iglesia las esculturas exentas de San Cosme y San Damián, que proceden de un retablo desaparecido en el siglo XIX.